Silencio – Octavio Paz

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.

Cuando la tormenta pase – Alexis Valdés

Cuando la tormenta pase
Y se amansen los caminos
y seamos sobrevivientes
de un naufragio colectivo.
 
Con el corazón lloroso
y el destino bendecido
nos sentiremos dichosos
tan sólo por estar vivos.
 
Y le daremos un abrazo
al primer desconocido
y alabaremos la suerte
de conservar un amigo.
Y entonces recordaremos
todo aquello que perdimos
y de una vez aprenderemos
todo lo que no aprendimos.
 
Ya no tendremos envidia
pues todos habrán sufrido.
Ya no tendremos desidia
Seremos más compasivos.
Valdrá más lo que es de todos
Que lo jamás conseguido
Seremos más generosos
Y mucho más comprometidos
 
Entenderemos lo frágil
que significa estar vivos
Sudaremos empatía
por quien está y quien se ha ido.
Extrañaremos al viejo
que pedía un peso en el mercado,
que no supimos su nombre
y siempre estuvo a tu lado.
 
Y quizás el viejo pobre
era tu Dios disfrazado.
Nunca preguntaste el nombre
porque estabas apurado.
 
Y todo será un milagro
Y todo será un legado
Y se respetará la vida,
la vida que hemos ganado.
 
Cuando la tormenta pase
te pido Dios, apenado,
que nos devuelvas mejores,
como nos habías soñado.

Un largo adiós – Ángel González

Qué perezoso día
que no quiere marcharse
hoy a su hora.
El sol,
ya tras la línea lúcida
del horizonte,
tira de él,
lo reclama.
Pero
los pájaros lo enredan
con su canto
en las ramas más altas,
y una brisa contraria
sostiene en vilo el polvo
dorado de su luz
sobre nosotros.

Sale la luna y sigue siendo el día.
La luz que era de oro ahora es de plata.

A una estrella – José de Espronceda

¿Quién eres tú, lucero misterioso,
Tímido y triste entre luceros mil,
Que cuando miro tu esplendor dudoso,
Turbado siento el corazón latir?
¿Es acaso tu luz recuerdo triste
De otro antiguo perdido resplandor,
Cuando engañado como yo creíste
Eterna tu ventura que pasó?
Tal vez con sueños de oro la esperanza
Acarició su pura juventud,
Y gloria y paz y amor y venturanza
Vertió en el mundo tu primera luz.
Y al primer triunfo del amor primero
Que embalsamó en aromas el Edén,
Luciste acaso, mágico lucero,
Protector del misterio y del placer.
Y era tu luz voluptuosa y tierna
La que entre flores resbalando allí,
Inspiraba en el alma un ansia eterna
De amor perpetuo y de placer sin fin.
Mas ¡ay! que luego el bien y la alegría
En llanto y desventura se trocó:
Tu esplendor empañó niebla sombría;
Sólo un recuerdo al corazón quedó.
Y ahora melancólico me miras
Y tu rayo es un dardo del pesar;
Si amor aún al corazón inspiras,
Es un amor sin esperanza ya.

¡Ay, lucero! yo te vi
Resplandecer en mi frente,
Cuando palpitar sentí
Mi corazón dulcemente
Con amante frenesí.

Tu faz entonces lucía
Con más brillante fulgor,
Mientras yo me prometía
Que jamás se apagaría
Para mí tu resplandor.

¿Quién aquel brillo radiante
¡Oh lucero! te robó,
Que oscureció tu semblante,
Y a mi pecho arrebató
La dicha en aquel instante?

¿O acaso tú siempre así
Brillaste y en mi ilusión
Yo aquel esplendor te di,
Que amaba mi corazón,
Lucero, cuando te vi?

Una mujer adoré
Que imaginara yo un cielo;
Mi gloria en ella cifré,
Y de un luminoso velo
En mi ilusión la adorné.

Y tú fuiste la aureola
Que iluminaba su frente,
Cual los aires arrebola
El fúlgido sol naciente,
Y el puro azul tornasola.

Y, astro de dicha y amores,
Se deslizaba mi vida
A la luz de tus fulgores,
Por fácil senda florida,
Bajo un cielo de colores.

Tantas dulces alegrías,
Tantos mágicos ensueños,
¿Dónde fueron?
Tan alegres fantasías,
Deleites tan halagüeños,
¿Qué se hicieron?

Huyeron con mi ilusión
Para nunca más tornar,
Y pasaron,
Y sólo en mi corazón
Recuerdos, llanto y pesar
¡Ay! dejaron.

¡Ah lucero! tú perdiste
También tu puro fulgor,
Y lloraste;
También como yo sufriste,
Y el crudo arpón del dolor
¡Ay! probaste.

¡Infeliz! ¿por qué volví
De mis sueños de ventura
Para hallar
Luto y tinieblas en ti,
Y lágrimas de amargura
Que enjugar?

Pero tú conmigo lloras,
Que eres el ángel caído
Del dolor,
Y piedad llorando imploras,
Y recuerdas tu perdido
Resplandor.

Lucero, si mi quebranto
Oyes, y sufres cual yo,
¡Ay! juntemos
Nuestras quejas, nuestro llanto:
Pues nuestra gloria pasó,
Juntos lloremos.

Mas hoy miro tu luz casi apagada,
Y un vago padecer mi pecho siente;
Que está mi alma de sufrir cansada,
Seca ya de las lágrimas la fuente.

¡Quién sabe!… tú recordarás acaso
Otra vez tu pasado resplandor,
A ti tal vez te anunciará tu ocaso
Un Oriente más puro que el del sol.

A mí tan sólo penas y amargura
Me quedan en el valle de la vida;
Como un sueño pasó mi infancia pura,
Se agosta ya mi juventud florida.

Astro sé tú de candidez y amores
Para el que luz te preste en su ilusión,
Y ornado el porvenir de blancas flores,
Sienta latir de amor su corazón.

Yo indiferente sigo mi camino
A merced de los vientos y la mar,
Y entregado en los brazos del destino,
Ni me importa salvarme o zozobrar.

Una Vuelta alrededor del Mundo

“¿Qué es viajar? ¿Cambiar de lugar? No. Cambiar de ilusiones y de prejuicios.” ― Anatole France

La Nostalgia siempre se escribe con Música

La música es la banda sonora de la vida - Dick Clark.

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Atrévete a descubrir una nueva mirada de la cooperación con el Dr Iñaki Alegría - Por un mundo de igual a igual

POETAS EN LA NOCHE

Poesía, cuentos y relatos

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